domingo, 18 de mayo de 2025

Creer

 

Cada persona cree en lo que cree.

Hay gente que cree en un dios y su Iglesia. Esos lo tienen claro. Cada cual a su dios: Jesus, Allah, Buda, Odin, Zeus, Shiva, Brahma o Vishnu. Incluso se puede creer en Huitzilopochtli: el dios del sol y la guerra en la cultura azteca.

Pero hay gente que cree en otras cosas. Hay quien cree que según las estrellas, el día en el que nació le marca para toda la vida. Si naciste entre el 21 de junio y el 22 de julio, eres Cáncer, por lo que te toca ser emotivo, intuitivo y protector. Sin embargo, si has nacido entre el 23 de julio y el 22 de agosto eres leo, por lo que te toca ser extrovertido, ambicioso y valiente.

Hay peña que cree en otras cosas, por ejemplo cree en su trabajo: trabajar más y más duro le hará ser mejor, llegar más arriba, ganar más dinero y ser más poderoso.

Otros creen en su pasado, en las costumbres y el folclore. En su entorno y lo que les enseñaron sus abuelos. Y que eso hay que guardarlo porque nos hace lo que somos.

Hay personas que dicen que no creen en nada, pero creen en los suyos: En la gente que le acompaña cada día, ya sea en su trabajo, en el bar o en su grupeta de amigos que quedan los domingos para ir al monte. Creen que esos siempre estarán.

Hay incluso gente que cree que la vida consiste en comprarse un coche, una casa, tener hijos y un buen trabajo.

Cada una/o que crea en lo que quiera. En algo habrá que creer, ¿no?

domingo, 10 de mayo de 2020

Nunca estuvo tan cuestionada la realidad, al menos, por mi parte. Siempre polemizando todo lo referente a los límites, sobre todo, dudando de los míos. Ahora más que nunca, nunca la realidad me cuestionó tanto. Es como un vivir alucinando, pensando que la forma de vida se ha distorsionado, los colores se mezclan y no alcanzo a ver el blanco. La piel me arde, como si la temperatura hubiera sufrido también una pérdida de parámetros, de axiomas, como si vivieran en ignición.

Ya es tarde y pronto. Resucito cada día, de las cenizas, o menor dicho, del polvo. Soy ácaros, soy partículas, soy vida que se desprende para unirse y formar un nuevo yo. No sé si diariamente, no sé si cada sesenta segundos.

lunes, 17 de febrero de 2020

Dejé de escribir



Con 15 años descubrí esa herramienta que me permitía gritar, gritar al mundo y a nadie. Gritarme.
Gritar todas las desigualdades que percibía del mundo y gritar con todo el entusiasmo como debía de cambiar el mundo. Pregonar con todas mis fuerzas todo lo que debía ser y lo que estaba mal.
Que claro lo tenía, que fácil era encontrar esas palabras a través de las que podía plasmar ideas, expresarme.
Esa facilidad se fue diluyendo con los años, de fueron acabando las ideas sobre lo que clamar y el mundo se fue haciendo poco a poco más complicado. Y yo... Deje de plasmar ese mundo y esas ideas en negro sobre blanco.

Hace diez años que comenzamos este blog, quiero a este conjunto de palabras de adolescentes como un pequeño, brillante y valioso recuerdo de cómo fue mi adolescencia. Tengo la suerte de haber dejado aquí mis pensamientos, y de poder volver a ellos cuando yo quiera.

A lo largo de esos diez años los pensamientos han ido complejizándose y para mí cada vez era más difícil plasmarlos en palabras. El mundo seguía abriéndose ante mi, seguía siendo un mundo que no confortaba pero que, poco a poco, iba asumiendo su razón de ser.
Y es que en mi manera de escribir, en la que siento cómodo a través de una aguda literalidad, la complejidad hace que la escritura se vuelva farragosa, las aristas de esa realidad compleja hacen que haya muchos más detalles que explicar. Esa complejidad de las ideas que iba desarrollando supuso que escribir fuera mucho más complejo para mí.
Y aquí estoy, ¡justificando por qué mi vagancia hizo que dejará de escribir! Al final, y al principio, no hay mucho más. Lo que siempre he tenido claro es que la actividad de plasmar mis pensamientos por escrito me ha ayudado siempre a definirlos y delimitarlos. Me ha ayudado a ordenar mis reflexiones y empujado a tener otras nuevas. Y dejar de escribir, por lógica, también me ha provocado dejar de reflexionar de la manera que hacía antes.

Somos personas distintas que hace 10 años, hemos crecido en muchas cosas, y que sin embargo, ahí queda algo de lo que sentir nostalgia, como si lo hubiera perdido. A lo largo de estos últimos años varias veces me he dicho que volveré a escribir, y no sabía por donde empezar.

Hoy he vuelto a empezar

sábado, 1 de febrero de 2020

Recursos sin uso

No actúa con el acto de acción.

Soporta el sopor de lo insoportablemente soporífero.

Hasta con todo hastiada se debasta harta.

Agarra con garra lo que la agarrota.

Consciente de la subconsciencia de su inconsciente.

La demencia de la mente es inmanente.

domingo, 16 de junio de 2019

Mirarte masturbándote

El título puede significar dos cosas, y las dos cosas son bellísimas.

Antes de nada,  quiero hablar de la masturbación en el sexo compartido. En principio, parece que para mucha gente (en cuanto a lo que mi experiencia me ha revelado), la automastubación en el sexo compartido parece que muchas veces no entusiasma o que incluso avergüenza. Masturbarse es una práctica que se asocia y se realiza más habitualmente en tu espacio privado, contigo. Compartirte a ti y a tu masturbación puede que a mucha gente le incomode, no le apetezca o lo que sea, y el porqué es seguro muy diverso, como siempre. A pesar de esto, en mi opinión, puede suceder por nuestra falta de poder sentir y expresar emociones y sensaciones diferentes cuando el contexto normativo ya tiene unas asignada. Es decir, el sexo normativo compartido implica que para que haya placer te lo tiene que aportar la otra persona. ¿Por qué?

Seguiremos con la cuestión.

jueves, 6 de junio de 2019

Un pezón, una dignidad

Hoy en el trabajo, mejor dicho, al cambiarme la ropa de este para ya poder irme,  algo increíble ha acontecido. He comenzado a charlar con una compañera sobre los bodis, esa prenda de vestir que tanto me gusta, la cual llevaba hoy.  Le he contado el porqué del hecho de que me guste vestirlos. Me encanta ir sin sujetador cuando los llevo. Tengo la espalda abierta, los tirantes y la tela y nada más. Pues bien, esta chica se ha sorprendido. No solo eso, sino que ha dejado claro que para ella ir sin sujetador le parece algo indigno. Eso es: indigno. Menuda palabra ha elegido la señorita. Tu teta suelta, tu dignidad se cae con ella. Todo un axioma. Si mi pezón o mi teta significan dignidad o no, creo que lo que yo tengo es una dignidad divina.  Ya siento indignarte, pero soy muy digna.
Del vértigo pensado,
al nudo en la garganta.

Del calambre del cuerpo,
al calor entre las piernas.

Del respiro profundo,
a la exhalación acelerada.

De abajo a arriba, de izquierda a derecha. Crucificada activa, y pasiva.