Nos creamos ideas acerca de las personas, creemos en nuestras propias convicciones y por lo tanto esperamos no equivocarnos acerca de ellas. Por eso cuando llega la hora de abrir los ojos nos podemos estampar contra un muro, muro que se ha ido formando mientras tú estabas en el mundo de las maravillas. No es que las decepciones lleguen repentinamente, sino que estaban ahí desde un principio.
Todo esto viene a cómo nos dejamos engañar pensando en que nuestras ilusiones pueden verse reflejadas en otras personas... En algunos sentidos claro que nos sentimos más realizados si ese sentimiento ha sido llevado a cabo junto a otros/as, pero tal y como esta la sociedad hoy día no deberíamos dejarnos caer en brazos ajenos, ya que no sabemos si estos que un día nos sujeta ron lo harán incondicionalmente.
No hay que pensar así ni mucho menos, no quiero incitar a la desconfianza
a, pero es curioso ver como cuantos más años tenemos en menos manos nos dejaríamos caer.
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