domingo, 3 de julio de 2011

Sol

Por unos días parece que tus obligaciones se acaban. No eres esclavo del reloj y mucho menos te tienes que acordar de a qué hora poner la alarma.

Ahora si madrugas es porque quieres, te apetece tener tu tiempo. Claro está que esto nos ocurre a la mayoría de los estudiantes, sin embargo también vemos cómo para nuestros progenitores la situación no varía porque haya llegado el calor.

Todas las comodidades a las que accedemos en verano, ¿ de dónde provienen? Claro está que del sueldo de nuestros familiares, que trabajan durante todo el año, pudiendo a veces librarse de ser mercancías estatales (Navidad, Semana Santa, puentes, verano...).

Actualmente ni siquiera sé si mucha gente podrá descansar en verano...se necesita mantener una vida digna en una sociedad podrida, por lo que para muchas familias es difícil descansar y desconectar.

Los gobiernos cada vez dificultan más la vida sana, ya que exponen a sus gentes a condiciones laborales detestables, incapacitando al ser humano, ser natural, a existir de forma agradable. Las obligaciones exhaustivas provocan aborrecimiento, detestar incluso que salga el sol y haga buen tiempo.

La gente que está empleada en determinados trabajos llega a desear un verano tormentoso para trabajar sin tanta envidia. Todas estas medidas estatales, que se extienden a nivel mundial, están provocando que los individuos agrien su carácter, generan decepciones...aun y todo esto parece seguir sin ser suficiente para que alcemos la voz unidos.



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