miércoles, 26 de octubre de 2011

Viento, aire, lo que sea.

Sensación incomparable, la del viento, te acaricia, te canta entre hojas, mueve las nubes que refrescaran tu olfato. Susurro invisible sin dueño ni casa, cambiante de humor (unas veces fuerte, otras manso), insostenible, imposible de retener entre tus manos.

Remueve mi pelo que luego conseguirá hacerme cosquillas en el cuello, juega siempre al corre corre, que te pilla. Capaz es de viajar en forma de escalofrío desde la punta del regordito del pie, hasta el regordito de la mano. Ya casi no tenemos tiempo que dedicar a fenómenos tan habituales, tan habituales pero tan tan curiosos...A tu favor impulsa tus movimientos, en tu contra los frena, ¡cuantísima fuerza lleva! No quema, sino refresca, pero capaz de estar caliente y elevarse, posiblemente siempre esté frío y baje.

Soy la más feliz del mundo si con su ayuda vuelo, no con alas plumíferas, tan solo con que eleve objetos mi imaginación se encarga del resto. En hoja me convierto, verde de vitalidad soy por completo, ligera, sin pesos que me obstruyan el vuelo. Mezclada con el azul llego al cielo, no sin antes con nube de flotador para poder surcar el mar. Si ya es de noche el viento amarrará una cuerda a cada una de las estrellas, podré escalar y ver su brillo de cerca. La Luna como no, sonreirá coqueta, pidiéndome que me acerque a ella.

Para soñar no siempre hay que cerrar los ojos.

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