martes, 13 de marzo de 2012

Búsqueda

Nada como querer llegar a huir para solo poder saber de ti, de tus impresiones, de los valores que aprendiste y que ahora interiorizas. Lugar donde el pasar del río sea tu emisora, el móvil solo exista como idea lejana, los libros pueden acompañarte si de ellos depende tu búsqueda.

Soñar sobre prados verdes de afiladas hormigas correteándote por el cuerpo, bailar entre aromas que adormezcan el recuerdo de lo material, aire virgen que depure tu interior para saber qué se haya en él.

Cada paso te hace pisar nueva tierra, con cada huella dejas una marca que dependiendo cómo sea el suelo quedará más o menos profunda. Así es el caminar de la vida, en el que se van marcado nuestra iniciales a cada acto que realizamos. Pensar en si todo habrá merecido la pena, en si las tierras impenetrables habrán merecido la pena ser descubiertas y usurpardas. Pero en realidad qué más da, si gracias a todo ello puedo pensar, saber que mi vida no consta de un solo ayer, que el pasado te forma para encontrar el paraíso entre nuevos conocimientos.

Y el saber no daña, sino cura, como alejarse del mundo, creerse viajero del tiempo, billete con ida y sin vuelta. Nacederos inexploradps, que nunca llegan a terminar tal y como empezaron, para mí mantas finas bajo las que acurrucarse cuando quiero oír la nada. Basta con coger aire, sumergirte y explorar a qué sabe flotar, sentirse inerte, formar marte de algo que te acaricia y transporta consigo haciéndote parecer que perteneces a él.

Sigo buscando ese lugar que me demuestre que las casas no están hechas con cimientos, sino de sentimientos. Llevará una vida encontrarlo, ya que creo que sé dónde se encuentra: en mí.

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