lunes, 9 de junio de 2014

Nunca más

Hay moratones que no se dibujan en la piel, pero sí en la persona. Insultos que no rompen huesos, desprecios que no sangran, humillaciones que no se hinchan. Nos enseñan a identificar la violencia, sin embargo, casi siempre la parte de más profundidad se olvida. Aquello que no tiene marca parece que no se ve. Debajo de una sociedad que se viste de morado para repudiar la violencia de género, se esconde el: "algo habrá hecho"; "qué tonta, pero no se daba cuenta"; "no entiendo cómo no lo ha dejado antes". Queda mucho por intentar comprender, por trabajar con toda una sociedad llena de tópicos y tradición. Es gracioso cómo se ha extendido esa grandiosa frase que pretende definir al siglo XXI: "nacimos en un tiempo en que si algo se rompía, se arreglaba, no se tiraba a la basura". Esto fue la contestación que pronunció una mujer al preguntarle por su longevo matrimonio. En mi opinión, esta frase ha pretendido definir a lo que hoy en día sucede en el amor, pero más bien yo lo aplicaría a la filosofía neocapitalista con su pasión por generar objetos de obsolescencia programada, sin embargo, este es otro tema. En lo referente al amor diré que si algo no tiene posibilidad de arreglarse, mejor tirarlo, más aun si esa quiebra en la relación está causando dolor.

Tenemos una idea del amor equivocada. La idea romántica está destrozando la palabra amor. Muchas personas opinan firmemente que sufrimiento y amor han de ir de la mano, de no ser así eso ya no se consideraría "amor verdadero". Curioso término por otro lado. ¿Qué hay de verdadero en la vida más allá de que la vida es vida? ¡Qué manía! Demasiadas veces, por demostrar el sacrificio ante ese amor, se ha perdido libertad personal. Pero, ¿dónde empieza la libertad y dónde acaba la restricción del amor? Para esta pregunta habrá millones de percepciones, pero aquí la mía es que lo más sano es quererse libre, sin perder el respeto que cada pareja haya acordado de manera ecuánime.

La posición social de la mujer como madre, como salvadora y zurcidora de desastres ha causado estragos. Antes, como bien dice la mujer de la famosísima frase, las relaciones no se podían romper, no debían romperse. Tú hasta morir con la misma pareja. La palabra clave era: AGUANTAR; esto era a lo que se debía dedicar en gran parte la mujer. Mientras su marido hablaba, ella callaba, cuando él decía, ella contestaba "amén". Hemos llegado a una época, en la que a pesar de las desigualdades de género, ahora hay más conciencia por parte de la mujer para decidir qué quiere, sin tener que bailarle el agua a su marido para que todo fuera "correcto". Si las relaciones se rompen es porque algo va mal, si antes esto no era tan drástico se debe al pensamiento tradicional tan generalizado, aún muy arraigado. Los insultos se pasaban por alto, los desprecios podían ser el pan de cada día y nadie explotaba. Ahora llega el momento de estallar, de denunciar los abusos machistas, de no callarse y hablar con claridad, de darse cuenta de que la libertad personal es compatible con una relación de respeto. Para complacer no hace falta someterse, para ser feliz no hace falta sufrir, para tener pasión no hace falta rabia...

La historia continuará.

1 comentario:

  1. Amen! Hay que ser sincero, trasparente y real con la persona que esta a tu lado. Todo lo demas llega solo si es la pareja adecuada.

    ORGI!

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