Típicas situaciones de pueblo que al llegar a la ciudad puedes echar de menos. Aquí entre edificios eres uno más, sin embargo, en el pueblo eres el hijo/nieta de la levita (en mi caso).
Extraño al volver de Candeleda el pasar por las calles y ser atentamente analizada por las personas que salen "a tomar el fresco". Cuando pasas te dicen: "Buenas noches niña".
Casi siempre eres tú la que te has adelantado (bien hecho, si no te miran no con muy buenos ojos) y les has saludado con un buenas noches/tardes/días. A mí por lo menos decir esas dos palabras me causa satisfacción. Ver cómo de repente una cara triste, ausente, envejecida, cansada...deshace su gesto habitual para responderte con un gesto animado. Has conseguido verlos, alguien se ha dado cuenta de que aún siguen ahí.
A veces la gente mayor piensa que ya no le queda nada por hacer, que están cansados de pasarse los días sentados, que ya no interesan; justo pasas tú y haces que esos pensamientos se le evaporen por un instante.
Aquí en la ciudad...la gente que pasa a tu lado casi ni se fija en ti, fijarse en ti me refiero en quién eres, no en como eres, que en ese aspecto se fijan aquí y en China. Echo de menos decir a todo el mundo buenos días y no caminar tan rápido para que le dé tiempo a contestarme. Esto suele pasar en las ciudades: te dicen hasta luego y ya para cuando reaccionas y piensas de qué lo conoces está a unos cuantos metros.
Parece que el la ciudad el saludo de extingue, se agota, no salen esas palabras a allguien que no conoces. Y digo yo: pues vaya.
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