Dicen que yo he madurado... Yo no lo sé... Pero lo que sí se es que dentro de mí queda una pizca de infantilidad que aún no quiero perder. Supongo que no tengo el síndrome de Peter Pan, pero la verdad es que no me importaría volver a ser niño... Os lo explico:
Esa alegría o emoción tonta, espontánea e intensa que surge al jugar a los típicos juegos de siempre: Escondite, bote-bote, polis y cacos, pilla-pilla...
Ese gasto de energía, esa pasión por correr un rato con tus amigos, simplemente por disfrutar y ningún transfondo más detrás... Porque después ves en el mundo adulto que todo lo que haces tiene que tener un objetivo, por lo menos ganar, pero eso sí, si haces algo que está fuera de lo normal también te lo echan en cara... Sí! llegar a algo pero sin salirse de la rutina... ¿No es un poco estúpido?
Por ejemplo estando en cuadrilla cuando éramos críos en cualquier lugar o momento nos poníamos a jugar a cualquier juego estúpido, una tarde nos inventábamos un juego en el parque, como el tiburón, ¿os acordáis? ;) Pero, simplemente, nos lo pasábamos bien. Una felicidad simple, pero a la vez genial...
Parece que los adultos tienen miedo a esa infantilidad... ¿A enseñar que no han madurado? Qué más dará... si lo importante en la vida es ser feliz, hay momentos para charlar, para hacer deporte, o para jugar a un juego estúpido como niños...
Dicen que la sabiduría está en la gente con experiencia y ves a un abuelo jugando con su nieto y pasándoselo, nunca mejor dicho, como un crío.
Has dibujado e mi cara la ilusión...yo creo que no he perdido casi nada de mi parte niña. Me gusta mucho el artículo, cuantísimos pensamientos llevas por dentro, cada vez que los dejas salir me dejas ANONADADA ajaja
ResponderEliminarTe agradezco el haber empezado junto a mí este genial blog, nos felicito ^^
Y yo os felicito a los dos y os agradezco que nos ilusionéis viendo como sois.
ResponderEliminarUn beso enorme:
Mariaje :)