domingo, 10 de octubre de 2010

Luchando contra el asfalto

Caminamos y vemos, o tal vez no os fijáis (yo sí), en que debajo de kilos y kilos de hormigón y baldosas hay vida. Aplaudo a esas "malas hierbas" que sacan la cabeza entre los huecos de las aceras, esas otras que huyen de su aprisionamiento por las grietas, raíces de árboles capaces de rajar carreteras, ¡BRAVO!

Cuándo nos enteraremos de que no somos capaces de frenar a la naturaleza, ¿por qué lo pretendemos? somos unos pretenciosos. Derecho a sepultar aquello que nos da la vida, y no hablo de nuestros progenitores eh, derecho a asfixiar la tierra, desertizar bosques, secar ríos con tantísimos embalses, en conclusión: ¿de dónde esa necesidad de alterar a la Madre?¿para evolucionar? Ha llegado un punto en el cual la desevolución camina de la mano con la evolución del ser, ya no del hombre o de la mujer, del ser.

Siempre pensamos en facilitar nuestra vida, pero la NUESTRA, mío tuyo de él. ¡Qué bonita frase!: es por el bien de todos/as. ¡Mira que majos todos/as, que se preocupan por el mundo entero! Si es que no se puede ser tan considerado y altruista.

Romper las barreras que nos estamos construyendo cada día más y más, en el futuro, será muy difícil. Aun así la naturaleza nos sigue llevando la delantera, porque lo creamos o no, es más fuerte que nosotros/as. Sí sí, más fuerte que el ser humano, ése que por ser "racional y moral" está por encima del reino animal.

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