Ha perdido la oportunidad. Sus continuos descuidos marchitaron las expectativas de perdón o compensación. Su lucha por conocer a las que dejó atrás se pierde, le vence su orgullo y pasividad. Es imposible no sacar un minuto al día para dedicárselo a quien deberías, porque siempre hay tiempo si se quiere encontrar.
Su figura cada día más inexistente tampoco empezó siendo de color intenso. Participó de manera efímera en los hechos que encadenan nuestras vidas. De tal modo que el hecho de que él se aleje de manera definitiva, no es tampoco un cambio drástico, ya que nunca estuvo, así que tampoco sabemos qué es echarlo en falta.
Solo sé que las oportunidades brindadas ya se han roto, que yo no saldré de mi papel para acercarme a él. Es su turno y no ha cogido ni tan si quiera el número. Esperar logros sin esfuerzo es como sentirse rico por tener dinero. Los vínculos de sangre no tienen por qué dar prioridad, no tienen por qué atar lo que nunca estuvo unido. Sin trabajo no hay recompensa, como también sin dedicación no hay cariño.
¡Alto! Ni un paso más hacia delante. Le toca caminar a él y ya va siendo tarde, tal vez nunca llegue a coger un tren que ya comenzó su viaje hace tiempo, y que no está dispuesto a reducir su velocidad para facilitar el acceso a quien ni tan si quiera corre tras él.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
A veces somos nosotros los que nos alejamos sin darnos cuenta.....
ResponderEliminarLa lejanía se puede evitar si de verdad se quiere. Antiguamente no existían las facilidades que tenemos hoy para comunicarnos, y es ahora cuando menos en contacto real parece que estamos. No sé si me explico.
ResponderEliminar