martes, 8 de enero de 2013

Crece feliz

Va a pasar. Es inevitable. La vida no es estática. Creces. Miras al espejo y algo cambia.

No me asustan las cifras, ni las canas, ni las arrugas, todo ello son señas de que has sobrevivido, de que sigues vivo y tienes heridas de guerra: aprendizaje hecho señal. No puedo pedir nada más, porque es que no quiero ni imaginar algo mejor a lo que tengo, sería desprestigiar mi presente, que es lo que hoy vale para mí. El futuro cuando llegue podrá hacerse valer, pero hasta entonces habrá de esperar.

Ahora que me salen las muelas del juicio y que voy a cumplir una edad significativa podría ser hora de...¡uy! pero, ¿qué iba a decir? No, no, Laura calla calla, que los cambios vienen solos, algunos de improvisto y otros evolucionando, como la estupidez mundial. Si crecer no son solo los centímetros, crecer son experiencias, que muchas veces no sirven de nada, porque acabamos tropezando en la misma piedra de la que tuvimos que levantarnos. Todo muy paradójico, sí, pero ya se sabe que el ser humano es impredecible: la caga cuando menos se lo espera (jajaja).

Nada de lo que preocuparse por cumplir años, peor sería no cumplirlos y privar a tus sentidos de millones de sensaciones nuevas que te depara el tiempo.

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