Lo que no conocemos no existe. Eso es lo que pensamos, o ni siquiera, ya que no podemos pensar en algo que no existe para nosotros. Haced la prueba. Cuando tienes en la cabeza la imagen de una mesa, sabes lo que es, sabes qué es porque lo conoces: una tabla sujetada en el aire por cuatro patas. Sin embargo, algún día puede llegar un elemento al que denominen "mesa" que rompa con esa imagen que tú tienes. Ahora una mesa puede ser un hierro sujeto por dos patas. ¿Quién marca los límites de la existencia de los habitantes del planeta? ¿Será la imagen que se creen de estos en nuestra cabeza? ¿Será el lenguaje quien limite el mundo, quien fije la barrera de qué es esto o aquello?
La vida de uno mismo existe solo porque este la conoce y es consciente de que vive en ella y vive por ella. Mi vida, ahora, ahora mismo, en este segundo (ya segundoS que pasan), es porque [mis personas] son conmigo, sobre todo porque él es conmigo quien descubre algo que estaba escondido, tapado, que yo saco y hago que vuelva a existir. La felicidad no existía, no al menos como hoy la conozco, y es que cada día se renueva de forma increíblemente acelerada.
Son conceptos que se contradicen, ya que conociendo mis defectos aprendo mis virtudes, y estas me enseñan que nacer del acierto no es aprender ni conocer; nacer del fallo, subir del pozo oscuro, ese, ese es el hecho que te hace descubrir la luz. Ya no solo hablamos de despertar ante un mundo nuevo, sino que por si fuera poco, este ya lo crees haber vivido aunque fuera en sueños desconocidos; algo dentro de ti sabe que lo conocías, que estaba hecho para que tú lo descubrieras y le pudieses dar vida, viviéndolo, y así haciéndolo existir. Todo ello gracias a ti, por hacerme conocer lo que desconocía, destapando a la vez conceptos erróneos que guardaba en mi memoria como si fueran los únicos reales.
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