También huele a verano, a libertad y naturaleza. Estoy tumbada y siento cómo el verde manto de la tierra se amolda a mi cuerpo. Puede que por sus finos hilos verdes, a veces, me pica el cuerpo. A parte, las causantes del picor son las pobladoras del manto. Viven en sus hormigueros.
Las flores son conquistadas por abejas que vienen a buscar su alimento goloso y dulce.
El sol calienta mi piel. Comienzo a sudar, pero un suave soplido del cielo me refresca.
Tumbada, relajada, disfrutando, así me encuentro. A ratos el sol fustiga mi piel con sus rayos excesivamente calientes, otras veces es el viento, invisible, pero que agita mi pelo y lo hace volar entre sus dedos.
Ya no necesito más.
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