domingo, 19 de septiembre de 2010

¿Cómo decirlo?

Se van apagando. Traspié tras traspié, zancadillas puestas por mí misma, golpes que pudieron ser evitados de haberme dejado agarrar. Conozco perfectamente el polvo y la tierrecilla del suelo. ¿Quién nunca ha caído? Cuando estás ahí tirado: ¿me habrá visto alguien?, he tenido golpes peores, lo mejor es reírse, quitarle tú mismo la importancia a esta tonteria, aunque en el fondo duela te yergues como si nada. Al menos es lo que yo haría/hago.

No está mal caerse de vez en cuando...la gravedad está siempre presente, algo inevitable, es que el núcleo de la Tierra nos atrae tanto. Vale, sí, te has dado una buena, te duele, pero lo que de verdad cuesta es subir primero un pie y después el otro. Ha habido tantas veces que mis extremidades no han querido recuperar su rigidez, estaban mejor ahí, reposando el golpe. Tranquilas piernas mías, no os preocupéis, que ya para otra vez sabéis qué hacer, o no, para no tocar el suelo.

Pero como bien se sabe: el hombre/mujer es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (o más de dos). Si es que no aprendemos ni a base de hostias.

El tiempo, por muy odiado que sea debido a sus veloces carreras, hace que todo pase, lo deja atrás. Gracias querido tiempo, pero que sepas que tienes aún tareas pendientes por solucionar dentro de mí. Cuando puedas, ya sabes.


1 comentario:

  1. Ooooh! Me mola, algo de masokas tendremos para no parar de pegarnos golpes en la vida... Pero es que, aunque duela, algo nos enseña...

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