viernes, 10 de septiembre de 2010

De vuelta

Dormir en una cama, ya no "descanso" tumbada en una esterilla arropada por un saco. La lluvia es frenada por los ladrillos de mi casa. Se me olvida cómo la tela de mi tienda ayudaba a mi sueño a realizarse cuando cerraba los ojos.

Cinco días alejada de todo y más cerca que nunca de cuarenta y pico personas. Tiempo que tuve para descubrir personas que puede que cambien mi forma de mirar a la vida, a esa que llaman perra. Ojalá que la vida fuese igual que una perra: leal, juguetona, activa, fiel...o eso es para mí una perra.

Bueno, a lo que iba. Estuve rodeada de mi color favorito y sus diferentes tonos, verde por todos los lados. Respirar costaba menos, el aire llevaba hojas, tierrecilla, restos de la naturaleza en general, pero aún así era una sustancia menos nociva que la que te puedes encontrar aquí. Aunque con lo que somos ahora, nos afecta más estar rodeados por unas cuantas arañas que tener que asumir lo que los de arriba creen que es lo mejor para todos.
Estos son peores que las arañas: hacen su tela con engaños transparentes y finos hilos para que te pegues y te quedes enredado y ya no puedas huir. Te agarran bien para inyectarte su veneno. Pero en fin, dejemos de nombrar lo penoso de las personas.

Desenchufa estuve, desconectada, "destodo"..........volando de verdad, sin pensar en la vida, la vida que te formas, porque dejar de pensar en el sentido de mi vida es imposible. No paras de imaginar, idear, soñar, descubrir...Esa es la vida que quiero cultivar: mi interior.

Gracias por darnos un espacio alejado de todo, donde llevar una vida más allá de la realidad palpable.

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