martes, 9 de noviembre de 2010

Desvarios

Y que me digan que todo va mal cuando veo un grupo reducido que irradia felicidad. Encima se lucen en televisión, manifestando clarísimamente que a ellos la crisis no les preocupa lo más mínimo, que saben que son afortunados, pero que cuesta gestionar tantos bienes...¡oh por favor, que no paro de derramar sudor!

Pero claro, no puedo sentarme y mandar como es debido si no llevo un traje a medida de por lo menos 1.000 euros, cómo iba a posar las manos sobre la mesa si en ellas no se mostrase un reloj decente con el que poder deslumbrar al que intente posar sus ojos en él...si es que, que vulgar sería.

Lo mejor viene cuando te van mostrando por la cantidad de manos por las que pasan sus cuerpos, a los cuales bañan en oro, caviar, sales del Mar Muerto, placentas...Si es que la belleza no tiene precio, ni mucho menos la juventud. Si es que pudiéndola comprar quién la va a querer llevar por dentro.

Lo que más me gusta ver son las cocinas de sus casa, y ver cómo enseñan a esa mujer que les cocina y limpia, con lo graciosos/as que estarían saliendo en la televisión con las manos manchadas aunque sea por el aceite con el que fingir que saben qué es una ampolla causada por una gota ardiente. Pero qué más da lo que opinen los espectadores, si lo que importa es cómo me miren los de mi clase. JA JA JA

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