Es como el juego al que yo llamaba el "teléfono estropeado"; el primero se inventa una frase que se va pasando de oreja oreja en un círculo. Lo divertido llega cuando el último intenta acercarse a la original, pero como siempre, nunca suele coincidir la frase inicial con la que se acaba diciendo en alto.
Esto me sirve como gran ejemplo de lo que pasa con los rumores, con las cosas del amigo que le contó al conocido que dijo el hermano de la prima de mi vecino. Todas esta palabras acaban por ser mitos, ya que jamás lo contado es idéntico a los emitido por el emisor inicial de las palabras. El tono, los gestos, todo al hablar hace que te crees ideas de cómo se está expresando esa persona, la intención, los sentimientos...por eso poner en boca de los demás palabras interpretadas por uno mismo es un deporte peligroso practicado en exceso por todos nosotros.
No entendemos la fuerza de las palabras, por las que se forman conflictos que llevan incluso a la muerte, a romper relaciones de años espléndidos, llevan a malinterpretaciones que con palabras menos desgastadas por ir de boca en boca todo se desenredaría. Pero ponerse cara a cara cuesta, los ojos sufren al mantenerla mirada en momentos de tensión, así que ante la duda se hace caso a lo que te dicen terceras personas en vez de ir a la primera y preguntar.
En mi opinión, estoy harta de que suceda esto, de que para destruir a alguien o a veces sin mala intención se cree un halo de engaños que conduce al mal clima, y con este, se formen tormentas. La vida es breve y pocas veces luce el sol, sobre todo en esta zona, así que las veces que sale no conviene encerrarlo entre nubes.
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