En esta sociedad a unos se dejan que se mueran de hambre por
la avaricia de otros. Esto radica en el propio sistema, el que no s ha enseñado
que hay que mirar por uno mismo, mirar porque ese mismo se haga más rico cada
vez.
Sí, siempre más rico, sin importarles como, sin importarles
pasar por encima de nadie. Y esto no es justo. Lo único que tenía como objetivo
impedir esto era el Estado del Bienestar, que se ocupaba de asegurar a la
ciudadanía las condiciones básicas para vivir, y esto se hacía a través de la
colaboración de todos, ¿cómo? A través de impuestos. Sí, en un principio los
impuestos eran para eso, para ayudar a la ciudadanía en general, no para los
banqueros que han metido la pata hasta el fondo.
Pero esa ansia avariciosa e individualista de la que hablábamos
al principio se ha colado también en el estado y como vemos, también el Estado
del Bienestar se está derrumbando, dejando a un montón de gente sin los
recursos básicos para vivir. Esto solo puede conllevar que en un futuro, no
demasiado lejano, estas familias, presas de la desesperación se pasen al
vandalismo o cosas peores.
Así pues necesitamos un cambio. Pero, ¿cómo? Pues la cosa no
es sencilla, porque hay que erradicar esto por donde hemos empezado, por la
avaricia de esos pocos. El problema es que el aprovecharse de los demás ya se
come como pan de cada día, así pues hay que empezar a concienciar y protestar,
y a partir de ahí a reclamar lo que es de todos que como decía Karl Marx:
“De cada cual según
su capacidad; a cada cual según sus necesidades”
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