Es tontería callar ahora, adornar mis gestos cuando ser tan expresiva me encanta. Ya no sería la misma y el querer que he conseguido se esfumaría entre cambios.
Confieso que gritar me gusta, no soporto guardar dentro de mí los suspiros, ni mucho menos palabras, tanto buenas como malas; tampoco puedo vivir cabreada, ya que el enfado también lo tengo conmigo misma; revelaré que me encanta llorar sin que me vean, las lágrimas me salen más gordas y la satisfacción de empapar la almohada es mayor; advierto que mis tonterías no hacen gracia, pero me da igual, las suelto para poder reírme de mí misma; no aguanto a las personas que me soportan, si no me aguanto ni yo misma...
Admitiré que muchas de las veces que pido una cosa quiero que la otra persona se dé cuanta de que quiero lo contrario (sí, así soy); cuando llega tiempo de regalos solo quiero como presente la presencia de mi gente; suelo ir por la calle mirando al cielo, porque a veces descubro mucho más que mirando el suelo; he caído muchas veces y quedaron moratones, pero quiero que sepáis y que tú misma lo sepas Laura, que no te rindes con facilidad, que eres cabezona y te gustan los retos (sobre todo los casi imposibles); confesaré también que aunque vaya de tía que se la sopla todo no es así (uyy espero que esto no lo vea mucha gente jajaja).
No puedo despedirme sin declarar que soy una de esas brujas que por desgracia no vuelan, esas que de vez en cuando son crueles, pero que a la vez haría magia para enmendar todas sus maldades.
Muchas gracias por atender a razonamientos que no tienen porque importar a nadie, pero animo a la gente a confesarse, no para que otros/as descubran cosas íntimas tuyas, sino para descubrirnos a nosotros/as mismos/as.
No hay comentarios:
Publicar un comentario