Ella es la que entrando por tus orejas, consigue ser el PRINCIPIO, la que activa dentro de ti los sentimientos; se percibe mediante el oído, pero lo más acojonante es que la sienten los otros cuatro. Algo que conecta, que te ayuda a liberarte, que te hace llorar o que te excita. Notas de música acompasadas con palabras, a veces de mucho más.
En tres minutos han podido conseguir resumir qué o quién eres tú, canciones que llegarán a formar parte de ti. Las habrás escuchado mil veces y aun así la mil una no te cansará, conseguirá de nuevo que de evadas, que dejes de pensar para sentir. Las de verdad no son como las que escuchamos habitualmente en la radio, esas que tantísimo repiten y que, en cuanto empiezan, inmediatamente cambias de emisora.
La música va más allá de los hit, para mí incluso hasta va más allá de las partituras. Sonidos como el del viento agitador, el de un risa que te cala y consigue arrastrarte, el ruido al pisar hojas marrones y secas de otoño...Descubren mis sentidos y yo les doy la mano para hallarme más cerca de todo esto, algo que no se consigue con un anodino hobby.
Y te encierras en tu habitación, y no estás tan solo/a, das al on, todo empieza mientras a la vez todo acaba para ti tras la puerta. Es increíble encontrar a alguien que te acompañe para apagar el mundo mientra enciendes tu música, quien sienta lo que tú, o incluso de una misma letra saque diferentes cosas que te ayuden a ver no tu realidad, sino la de los/as dos. Y compartir lo infinito, como lo es esto, supone no quedarse nunca sin nada, así que nadie tendría que poner impedimentos en el arte de escuchar.
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